[Continuación del artículo inmediatamente anterior. Por favor, leer previamente. Pinchar aquí]
Pero aunque desconozcamos el origen de muchas de las creencias y desposiciones de la Iglesia, no por ello no están fundamentadas en las raíces profundas de la Tradición, transmitida por la Iglesia continuamente desde la antigüedad. Así podemos poner el ejemplo del Catecismo de la Iglesia Católica, compendio de todas las verdades de la Fe y guía para la vida santa del cristiano. Pues en ella podrás encontrar multitud de citas de las Sagradas Escrituras y de los Padres de la Iglesia, donde podrás corroborar que nuestas creencias están afirmadas sobre los pilares de la palabra de Dios y de las enseñanzas de los primeros cristianos. Así que si lo hacemos así, es porque así nos lo transmitieron los apóstoles y sus discípulos a través de la Iglesia hasta nuestros días.
Pero lo que más me ha llamado la atención es la aplicación del inmovilismo de la Iglesia (utilizando el criterio de autoridad de un teólogo), referida a la liturgia. Afirma que en liturgia llevamos un retraso de unos 1000 años (?!) Primero habría que saber respecto a que llevamos este retraso. Si hay un retraso, se nos debería decir la referencia que está por delante y hacía las que nos debemos dirigir.
Pero lo sorprendente es que diga esto sobre la liturgia. Porque si algo ha cambiado significativamente en la Iglesia en las últimas décadas ha sido la liturgia.
Aunque podamos pensar que nuestra misa se celebra así desde que el mismo Cristo la instauró en la última Cena, Juan María seguro que conoció en su infancia una misa bastante diferente a la que ahora celebra. No estamos hablando de hace mil años. Nuestros padres o nuestros abuelos conocieron el paso del misal de papa Juan XXIII al del papa Pablo VI , ésto fue hace menos de 50 años (en 1969) Los que vivieron esta cambio podrán corroborar que fue un cambio profundo tanto en las formas como en el contenido.
Podríamos citar alguno de los cambios más llamativos:
De celebrar la misa en latín a celebrarla en la lengua vernácula propia de cada pueblo.
Los altares pasaron de estar pegados a la pared, delante del sagrario, orientados al este, a colocarse en el centro del presbiterio.
Como consecuencia de lo anterior, el sacerdote paso de celebrar mirando al este, a celebrar mirando al pueblo.
Ahora tenemos las oraciones de los fieles o el saludo de la paz entre los participantes.
Esto es un par de ejemplos, pero hay muchos más cambios. Y todos estos cambios iban dirigidos, entre otras cosas, a que la liturgia fuese más compresibles para los fieles, para que fuese más fácil "participar" en ella.
Cuando dice que "seguimos usando textos que no dicen casi nada, y expresiones que no tienen nada que ver con la forma actual de expresarse", se está refiriendo a textos que no llegan a 50 años de vida, poco más de una generación.
Incluso yo mismo he conocido el cambio de la oración del Padrenuestro (la oración que el mismo Jesús nos enseñó, y la primera oración que aprendemos de pequeños, y recitamos todos los domingos en misa) En mi infancia yo pedía a Dios que perdonsase nuestras deudas, y ahora pido que Dios perdone nuestras ofensas. Cambio que supone un sentido más claro de lo que pedimos a Dios.
Por lo que tengo curiosidad por saber cuales son las expresiones en la liturgia que no nos dicen casi nada. Porque me da la sensación que el problema no está en las expresiones que se utilizan en la liturgia, si no que hemos perdido el significado y el sentido de las expresiones, de los gestos, de las acciones, de los elementos de la liturgia. Por eso las misas no nos dicen nada, porque no conocemos ni lo más esencial: que es la misa. Porque si supiesemos lo que es la misa, su significado y simbología, daría igual que fuese en latín y no entendieramos nada de lo que se dice, porque sabríamos lo que sucede en la misa, el acto más sagrado que pueda existir.
Sinceramente creo que se repiten tópicos y prejuicios sobre la Iglesia no que tienen mucho que ver con la realidad, y considero que tenemos que tener un espíritu crítico y también analítico sobre lo que es la Iglesia y su acción en sus 2000 años de historia.
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jueves, 24 de septiembre de 2015
viernes, 18 de septiembre de 2015
El inmovilismo (1ª parte)
"La Doctrina de la Fe, que Dios reveló, no está propuesta como un invento de la filosofía, que se pueda perfeccionar por el ingenio humano, sino como un depósito divino entregado a la esposa de Cristo, y ha de ser fielmente declarada. Por esto, los dogmas sagrados han de ser mantenidos para siempre en el sentido declarado una vez por la Santa Madre Iglesia y nunca hay que apartarse de ese sentido con el pretexto de hacerlos más inteligibles" Concilio Vaticano I
En la hoja parroquial nº 178 de la Comunidad Católica de lengua española de Colonia-Bonn (fecha del 06.09.2015) viene un artículo firmado por Juan María García Latorre, titulado "Para qué cambiar, ¡si siempre se hizo así! (pinchar aquí para leer el artículo completo) Me permito reproducir la primera parte del artículo (la segunda parte es una historia ficticia para intentar argumentar la primera parte):
"En la Iglesia hay una tendencia general a no mover mucho, a dejar las cosas como están y a no correr muchos riesgos. Si siempre se hizo así...¿para que cambiar? Este fenómeno se conoce como "inmovilismo" y, según el teólogo José María Castillo, si aplicamos esto a la liturgia, ésta lleva un retraso de unos mil años. Se quedo parada en un momento de la historia... y en ella seguimos usando textos que no dicen casi nada y expresiones que no tienen nada que ver con la forma actual de expresarse"
El primer enunciado creo que es correcto. La Iglesia tiende a hacer pocos cambios, a no correr riesgos,..Pero no es inmovilista. Hay una máxima que dice "la Iglesia siempre la misma, siempre reformada", lo que quiere decir que la Iglesia siempre se debe reformar para acercarse cada vez más al ideal de Cristo, a lo que Jesús quiere que seamos, y así eliminar los preceptos humanos que oscurecen la misión primordial de la Iglesia. Los creyentes somos humanos, y por tanto débiles y pecadores. Y muchas veces intentamos imponer nuestros intereses por encima de los intereses de Dios. Ejemplos de corrupciones de la obra de la Iglesia en la historial hay muchos:
El cesaropapismo, que es la involucración de la Iglesia en asuntos de los estados civiles, y al revés la intromisión de los poderes políticos en los asuntos de la Iglesia.
La compra de puestos en la jerarquía de la Iglesia.
La compra y venta de bulas papales, etc.
Todas ellas, desviaciones que han tenido que ser corregidas. Para ello, Dios se ha servido de multitud de hombres y mujeres santos, verdaderos reformadores (no confundir con los pseudorreformadores protestantes, dinamitadores de la Iglesia), para ayudar a volver a purificar la Iglesia.
Como no recordar en su V centenario a Santa Teresa de Jesús, reformadora de las carmelitas debido a su secularización.
O a San Francisco de Asís, que nos hizo volver a ver el carácter humilde y pobre de la Iglesia.
O San Ignacio de Loyola, que impulsó la evangelización y el apostolado por todo el mundo; reafirmando, en plena crisis protestante, la obediencia al papa con un cuarto voto en la orden de la Compañía de Jesús.
En resumen, la Iglesia se debe mantener firme ("inmovilista") en la doctrina y valores que Cristo nos transmitió ("Cielo y Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" Mt 24, 35), y reformadora de todo aquello que oscurezca, falsifique y aleje de la Fe verdadera.
El primer enunciado creo que es correcto. La Iglesia tiende a hacer pocos cambios, a no correr riesgos,..Pero no es inmovilista. Hay una máxima que dice "la Iglesia siempre la misma, siempre reformada", lo que quiere decir que la Iglesia siempre se debe reformar para acercarse cada vez más al ideal de Cristo, a lo que Jesús quiere que seamos, y así eliminar los preceptos humanos que oscurecen la misión primordial de la Iglesia. Los creyentes somos humanos, y por tanto débiles y pecadores. Y muchas veces intentamos imponer nuestros intereses por encima de los intereses de Dios. Ejemplos de corrupciones de la obra de la Iglesia en la historial hay muchos:
El cesaropapismo, que es la involucración de la Iglesia en asuntos de los estados civiles, y al revés la intromisión de los poderes políticos en los asuntos de la Iglesia.
La compra de puestos en la jerarquía de la Iglesia.
La compra y venta de bulas papales, etc.
Todas ellas, desviaciones que han tenido que ser corregidas. Para ello, Dios se ha servido de multitud de hombres y mujeres santos, verdaderos reformadores (no confundir con los pseudorreformadores protestantes, dinamitadores de la Iglesia), para ayudar a volver a purificar la Iglesia.
Como no recordar en su V centenario a Santa Teresa de Jesús, reformadora de las carmelitas debido a su secularización.
O a San Francisco de Asís, que nos hizo volver a ver el carácter humilde y pobre de la Iglesia.
O San Ignacio de Loyola, que impulsó la evangelización y el apostolado por todo el mundo; reafirmando, en plena crisis protestante, la obediencia al papa con un cuarto voto en la orden de la Compañía de Jesús.
En resumen, la Iglesia se debe mantener firme ("inmovilista") en la doctrina y valores que Cristo nos transmitió ("Cielo y Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" Mt 24, 35), y reformadora de todo aquello que oscurezca, falsifique y aleje de la Fe verdadera.
domingo, 20 de abril de 2014
Cristo vive, muéstralo a los demás
No me resisto a compartir con vosotros este artículo del sacerdote Santiago Martín. Comparto muchos datos biográficos con él, pero sobre todo su forma de pensar y ver a la Iglesia. Le considero una persona muy recomendable para seguir sus escritos y predicaciones.
“El
primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer,
cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a
correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería
Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos
dónde lo han puesto.” (Jn 20, 1-2)
Muchos hombres de hoy hacen
suyas las palabras de María Magdalena en la mañana de la Resurrección:
“Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Tenían una
fe en Dios sencilla, quizá poco trabajada intelectualmente, heredada de
sus padres y sostenida por tradiciones y ambientes culturales propicios.
Esta fe ha sido golpeada desde muchos frentes: los cambios en la
Iglesia y en la sociedad, la emigración a núcleos urbanos donde la
vivencia de la fe es muy anónima, el hostigamiento que recibe la Iglesia
en los medios de comunicación. Eso les ha hecho entrar en crisis.
Intuyen que debe existir algo parecido a Dios, pero no saben ni dónde
está ni cómo es.
Sin embargo, el Señor, Cristo,
sigue estando ahí: vivo. Murió pero ha resucitado. Está esperando a ser
encontrado por los que –como la Magdalena- han salido a buscarle. Por
eso, nuestro deber es ayudar a los demás para que se pongan en esa
búsqueda, para que no se dejen vencer por las críticas hacia la religión
o por los cambios ambientales que, de estar a favor de la fe, han
pasado a estar en contra. Cristo vive y nosotros, que lo sabemos y lo
disfrutamos, tenemos que ser luz que dirijan a otros hacia Él, la Luz.
Cristo está vivo y nosotros debemos convertirnos en testigos de ello
mostrando en nuestra vida sus efectos: la alegría, la esperanza, el
amor.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Cuando se habla del aborto
Con motivo de la celebración del día de los Santos Inocentes les dejo este artículo del padre Morado sobre el aborto. Me gusta con la moderación que habla y el sentido común definitivo con el que argumenta, algo poco frecuente al tratar sobre el aborto, que lógicamente suele despertar nuestro lado más visceral.
"El hecho mismo de que el aborto provocado sea objeto de discusión es
ya significativo. Unos y otros, partidarios y detractores, o partidarios
y detractores según convenga (plazos, supuestos o demás “argucias”),
solo por elevar el asunto a “cuestión disputada” hacen constar que el
tema no es, en absoluto, tan obvio como algunos pretenden que sea.
Si nos resultase obvio a todos que jamás se puede matar a un ser
humano inocente, el aborto nunca sería legalizado ni despenalizado. Si
resultase tan obvio que el embrión humano es meramente una cosa, un
simple cúmulo de células o tejidos, tampoco tendría sentido señalar
ningún plazo ni ningún supuesto. Se abortaría, sin más, hasta la víspera
del nacimiento o hasta el mismo día un par de minutos antes del mismo.
Claro que, si se puede abortar hasta la víspera, surge la duda de por
qué no se puede, después del nacimiento, interrumpir la vida del ya
nacido, bien sea basándose en plazos o en supuestos, o en lo que sea.
Nadie puede negar, pues, que se trata de un tema complicado. Y para
resolver la complicación se convoca a expertos en ciencia, en derecho y
en ética. Pero, de por sí, ser experto en algo no significa, sin más,
ser una persona de gran talante moral. Uno puede ser experto y ser, a la
vez, un indeseable. La condición de experto añade muy poco a la índole
moral del experto.
Digo esto no para despreciar el valor de las opiniones aparentemente
bien fundadas, sino tras constatar que, en el fondo, los argumentos de
los supuestamente “expertos” se exponen con la misma claridad, aunque
con menos sutileza, por parte de cualquiera. No siempre por argumentar
mejor se razona mejor. En absoluto.
¿Por qué se discute el aborto? A mi modo de ver, por un solo motivo:
porque se trata de la eliminación deliberada de un ser humano. Si no se
tratase de eso, la discusión sería puramente inútil, bizantina. Nadie,
en su sano juicio, plantea un debate parlamentario sobre si es lícito o
no usar un insecticida doméstico para librarse de los mosquitos. Matar
no es algo que revista connotaciones positivas. Pero un mosquito es solo
eso: un mosquito. No se trata de exterminar una especie, o diversas
especies. No. Se trata solo de solucionar un problema: un mosquito, en
casa, resulta molesto. Se le quita de en medio y punto. Sin más drama.
Pero un embrión humano, un feto humano, un ser no solo vivo, sino
humano, no es un mosquito. Y aquí comienzan los problemas. Ante quien
contra-argumente diciendo: “ser vivo sí, pero humano, no”, yo
preguntaría: ¿si no es humano, qué es? ¿Acaso un animal, acaso una
planta?
Claro que, bien visto, un tumor que padece una persona humana también
es “humano”, en el sentido de que está compuesto por células humanas.
Pero, ¿puede decirse sensatamente que un embrión es un tumor? Yo creo
que no. Un tumor no es el inicio, el primer tramo, de una vida humana
independiente, sino una anomalía más o menos amenazante. No. Un embrión
humano no es un tumor.
Cuando una mujer está embarazada no dice: “Llevo dentro un tumor”,
sino que dice: “Estoy esperando a un niño”. Podrá esperarlo con más
ilusión o con menos, pero que espera un niño lo sabe ella y los sabemos
todos. Máxime desde que el álbum familiar comienza no con las fotos del
recién nacido, sino con las ecografías del mismo.
Negar la condición de ser humano a un embrión humano es semejante a
entrar en el terreno de la magia: ¿Por arte de qué extraño sortilegio lo
que era solo “cosa” pasa a ser “persona”? ¿Cuándo? ¿Cuando tiene tantos
meses, cuando ha nacido, cuando ha aprendido a hablar, cuando es ya,
definitivamente, autoconsciente, responsable y libre? ¿Quién puede decir
“ahora sí” y “antes no”? Es más, bastaría la mínima duda, en caso de
que fuese posible, para abstenerse de hacer nada que directamente
pudiese perjudicarlo. Todo el proceso embrionario es un continuo en el
que las delimitaciones son arriesgadas y arbitrarias.
¿Qué diferencia hay, por ejemplo, entre un embrión ya avanzado y un
niño nacido por un parto prematuro? ¿Cómo se puede entender que, quizá
en el mismo hospital, se mate a uno y se proteja al otro?
No basta decir que siempre ha habido aborto. También siempre han
existido miles de atentados contra los seres humanos. Pero que algo
exista no lo convierte, así sin más, en algo que deba ser respaldado por
las leyes del Estado.
Ni significa gran cosa señalar que muchos embriones, en sus primeros
días, se mueran. Morir nos morimos todos, con un día de existencia, con
un año, con cincuenta o con noventa. Una cosa es que nos muramos y otra
que nos maten.
No es suficiente, tampoco, aludir a una praxis social. Que en casi
toda Europa se tolera el aborto… Bueno, eso no es un argumento. También
se toleró, en su día, la esclavitud. Y no por eso la tolerancia de la
esclavitud es moralmente universalizable.
Los seres humanos, desde el primer día, tienen el derecho a ser
tratados como personas y nosotros tenemos la obligación correspondiente
de tratarlos como tales. No nos hace mejores, sino peores, aplicar la
ley del más fuerte. Lo que nos humaniza, a quienes tenemos voz y voto,
es acoger y proteger a los más débiles: los aún no nacidos, los niños,
los enfermos, las personas con discapacidades o los ancianos.
Cuando hablamos de aborto no solo hablamos de aborto. Hablamos de
nuestra responsabilidad moral. Hablamos de esa tenue frontera que separa
a los bárbaros, aunque refinados, de los seres auténticamente
civilizados."
Guillermo Juan Morado.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Entrevista a nuestro obispo Joaquín Meisner
El pasado día 24 se realizó una entrevista en la Deutschlandfunk en Colonia al cardenal Meisner. Me parece interesante sobre todo porque hace referencia a su ultima reunión con el papa Francisco y puede aclararnos algo sobre la posición de ambos en el tema de moda en la Iglesia en Alemania; la comunión a los divorciados vueltos a casar.
El enlace a la entrevista original (en alemán) es éste:
http://www.deutschlandfunk.de/katholische-kirche-meisner-bestreitet-reformbedarf.694.de.html?dram:article_id=272951
La traducción la he recogido del portal de internet Infocatolica.
–Jürgen Liminski: Parece que es un juego muy popular para la gente de los medios: sacudirle a la Iglesia. Los obispos en realidad lo podrían sobrellevar con tranquilidad, pero algunas encuestas les deben dar que pensar, por ejemplo la de Allensbach, según la cual dos tercios de los católicos están a favor de que a los divorciados se les permita casarse por la iglesia de nuevo. Y para hablar sobre éste y otros temas , doy la bienvenida al arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meisner. Buenos días, eminencia.
–Cardenal Joachim Meisner : ¡Buenos días!
–Su Eminencia, Navidad, ¿Qué es lo que va a predicar usted esta noche?
–Esa es una buena pregunta. El tema del sermón de Navidad realmente no se puede elegir. El contenido de la fiesta de Navidad es tan abrumador, que el Dios eterno se ha convertido en uno de nosotros, un hombre, que no se puede predicar sobre nada más. Esto también alegra a la gente en última instancia, y también nos da una perspectiva real para el presente y el futuro de nuestra vida.
–Este Dios nace en una familia. Los temas familia y matrimonio son actuales, el debate sobre la divorciados vueltos a casar parece dividir a la Iglesia en Alemania. ¿Cuál es su posición?
–Querido señor Liminski, en todo momento, la Iglesia, especialmente los obispos junto con el Papa tiene el encargo de ejemplificar ante los hombres la obediencia a la Palabra de Dios. Los Obispos también comparten con el Papa el Magisterio. Pero siempre cum Petro et sub Petro, es decir, por debajo de Pedro y con Pedro. Así que cualquier disenso entre la enseñanza del Papa y el obispo es teóricamente inconcebible. Déjeme añadir algo más: Desde tiempos inmemoriales la Iglesia está convencida de que la unidad de Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, es normativa también para el matrimonio. Y el apóstol Pablo lo dice explícitamente: «El matrimonio es un misterio profundo. Yo lo refiero a Cristo y la Iglesia». Y Cristo dice entonces, lógicamente, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. A esto no hay realmente nada más que añadir. Puede usted pensar tal vez que esto se lo lanzo como un disparo. Es que todos los días me veo confrontado con estas cuestiones y por eso su pregunta no era nueva para mí.
–Esta no es la misma posición, idéntica, que la de su colega Zollitsch. Él llama a una mayor integración en la vida comunitaria, también una integración de las personas divorciadas. Y cree que en Roma también habría diferentes opiniones sobre esto. Así que la de la CDF, por tanto, no contaría más que las otras. ¿Entonces, qué es lo que tiene validez?
–Sr. Liminski, escuche por una vez a un viejo obispo. En mi última visita al Papa Francisco pude hablar muy francamente con el Santo Padre sobre todos los temas. Y también le dije que cuando habla en forma de entrevistas y breves discursos se quedan algunas preguntas abiertas, que para los no iniciados deberían en realidad precisarse más. El Papa me miró fijamente y me dijo que le mencionara un ejemplo.
Y mi respuesta fue entonces que a su regreso de Río a Roma, mientras viajaba en el avión, se le mencionó el problema de los divorciados vueltos a casar. Entonces el Papa simplemente me respondió: «los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar. En la Iglesia Ortodoxa se pueden casar dos veces». Hasta ahí su declaración.
Luego habló de la misericordia que, sin embargo, a mi modo de ver, y así se lo dije, en este país siempre se interpreta como un sustituto de todas las posibles faltas del hombre. Y el Papa me respondió muy enérgico que era un hijo de la Iglesia Católica, y que él no dice otra cosa que lo que la Iglesia enseña. Y la misericordia debe ser idéntica a la verdad, de lo contrario no merece el nombre de la misericordia.
Y, por lo demás, él me dijo expresamente que cuando ciertas cuestiones teológicas se mantienen abiertas, entonces la importante Congregación para la Doctrina de la Fe está ahí, para aclarar y formular detalladamente. También debe pensar que antes del Concilio el propio Papa era el presidente de esta congregación, y ella es, en el orden curial, la que está en el primer puesto, ahora lo mismo que antes. No se puede hablar del Prefecto como si fuera un ciudadano particular, sólo porque él anteriormente fuera miembro de la Conferencia Episcopal (alemana).
–Ahora el Papa ha iniciado una encuesta de opinión acerca de la familia y el matrimonio y la moral sexual de cara al Sínodo del próximo otoño. Y para Colonia ya hay resultados. Así se observa que en la población se van las cosas de modo diferente que en Roma. ¿No debería, debe, adaptarse la iglesia?
–También dije con anterioridad que la Iglesia tiene que adaptarse a la Palabra de Dios y no a la opinión de la gente. Debemos, como Iglesia, conocer la opinión de la gente, para después proclamar la Palabra de Dios en función de esto. Pero adaptarse al modo que usted pregunta no es una categoría del Evangelio. Es sorprendente que, por ejemplo, la Iglesia Evangélica Luterana, con su documento de toma de posición sobre la temática de la sexualidad, se haya alineado totalmente con el llamado espíritu de los tiempos en los asuntos de la sexualidad. Y, ¿cómo se ve en la situación de la Iglesia Evangélica Luterana? He oído decir que los números de abandono de la iglesia luterana son ahí aún más altos que los nuestros. De manera que, en última instancia, este éxodo no puede deberse a la cuestión de la sexualidad.
–El ZdK (comité central de los católicos alemanes) lo ve un poco diferente. El Presidente Glück aboga por adaptarse e integrar plenamente a los divorciados vueltos a casar, es decir, admitirles también a la Eucaristía. El ZdK quiere casarse con el espíritu de los tiempos, se podría decir. Ahí desertan unidades enteras de los ejércitos cristianos. ¿No tiene miedo del aislamiento?
–Bueno, no conozco el miedo al aislamiento. En la escuela primaria, en Turingia, yo era el único chico católico. Y siempre estaba en medio y no me dejaba aislar. La misión del ZdK es hacer visible y efectivo el Evangelio en las dimensiones de lo secular, es decir, en el mundo. Y aquí, este gremio debe dejarse hacer realmente en serio la pregunta: ¿Se han mantenido fieles a su misión y la vocación?
¿Y formula usted, en este contexto, la pregunta de si yo he de temer un cierto aislamiento? Lo que yo tengo es auténtica preocupación por las personas que deforman a conveniencia su propia fe en lugar de aceptarla respetuosamente como el mismo Cristo nos la ha confiado. Esto no trae ninguna solución. En el siglo IV, a raíz de la herejía de los arrianos, se decía que de la noche a la mañana, la Iglesia se había vuelto arriana. Pero eso no quedó así. Se convirtió en católica de nuevo. Y por eso, por hostiles que sean los números, no me asustan. Debo decir que simplemente debemos preguntarnos lo que Dios quiere.
Y la Iglesia sabe desde hace 2.000 años que lo que Dios ha unido el hombre no lo puede separar. Otra cuestión diferente es la de si todos los matrimonios son realmente válidos. Si debería haber criterios nuevos que permitieran dictaminar si un matrimonio no ha tenido lugar realmente y no es válido. Pero esa es otra cuestión. Ahí no se trata de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión.
–Su Eminencia, mañana cumple 80 años. ¿Presentará su renuncia al Papa o pedirá que deje que se jubile? La cuestión de la sucesión está abierta, y yo ni siquiera querría abrir este barril, a menos que tenga una preferencia que desee decirnos. Pero mirando hacia atrás, hacia los 25 años de Colonia se puede preguntar, ¿qué le ha impresionado más durante estos años de su tiempo obispado?
–Voy a enfrentarme permanentemente con esas preguntas. Pero para empezar, todo lo referente a mi sucesor como arzobispo de Colonia lo llevo a mi oración personal diaria. Pero con la gente, incluso con mis colaboradores más cercanos, no hablo de ello. Así que comprenderá que, por supuesto, no voy a charlar de ello con usted, siendo periodista de Deutschlandfunk.
Pero lo que más me ha impresionado en estos 25 años de mi servicio como Arzobispo de Colonia es, con diferencia, la lealtad y fortaleza de la fe de nuestros sacerdotes que están dispuestos, en situaciones difíciles, a tomar sobre sí un nuevo concepto de la cura de almas, motivado por la escasez de vocaciones, y están recorriendo en esto un territorio inexplorado. Lo que me conmueve positivamente una y otra vez en nuestros sacerdotes, diáconos y miembros del personal que tiene a cargo el cuidado de las almas, es la fuerza de su fe y la alegría en la fe, a pesar de las permanentes noticias negativas de los medios, o como se han hecho escuchar aquí también, en su entrevista. Que no se resignen interiormente, eso es un milagro.
–¿Tiene usted un deseo para la Navidad y el futuro?
Sí, de hecho varios deseos, pero mi deseo principal para la Navidad y el futuro es que el gozo de Dios –que es nuestra fuerza, como el Santo Padre subrayó en su carta apostólica–, que el gozo de Dios nos ayude de manera efectiva a la remodelación del mundo. Y esa es la única fuerza que bastará para que la Iglesia cumpla su misión, aunque contemos con menos impuestos eclesiásticos, o lo que sea. Y no sólo a duras penas, sino incluso también con un poco de pompa y circunstancia.
–Este ha sido el cardenal Joachim Meissner, arzobispo de Colonia , aquí en la Navidad de Alemania radio. Muchas gracias por la entrevista , Sr. Cardenal.
–Muy bien. Les deseo lo mejor y que celebren una feliz Navidad.
El enlace a la entrevista original (en alemán) es éste:
http://www.deutschlandfunk.de/katholische-kirche-meisner-bestreitet-reformbedarf.694.de.html?dram:article_id=272951
La traducción la he recogido del portal de internet Infocatolica.
–Jürgen Liminski: Parece que es un juego muy popular para la gente de los medios: sacudirle a la Iglesia. Los obispos en realidad lo podrían sobrellevar con tranquilidad, pero algunas encuestas les deben dar que pensar, por ejemplo la de Allensbach, según la cual dos tercios de los católicos están a favor de que a los divorciados se les permita casarse por la iglesia de nuevo. Y para hablar sobre éste y otros temas , doy la bienvenida al arzobispo de Colonia, cardenal Joachim Meisner. Buenos días, eminencia.
–Cardenal Joachim Meisner : ¡Buenos días!
–Su Eminencia, Navidad, ¿Qué es lo que va a predicar usted esta noche?
–Esa es una buena pregunta. El tema del sermón de Navidad realmente no se puede elegir. El contenido de la fiesta de Navidad es tan abrumador, que el Dios eterno se ha convertido en uno de nosotros, un hombre, que no se puede predicar sobre nada más. Esto también alegra a la gente en última instancia, y también nos da una perspectiva real para el presente y el futuro de nuestra vida.
–Este Dios nace en una familia. Los temas familia y matrimonio son actuales, el debate sobre la divorciados vueltos a casar parece dividir a la Iglesia en Alemania. ¿Cuál es su posición?
–Querido señor Liminski, en todo momento, la Iglesia, especialmente los obispos junto con el Papa tiene el encargo de ejemplificar ante los hombres la obediencia a la Palabra de Dios. Los Obispos también comparten con el Papa el Magisterio. Pero siempre cum Petro et sub Petro, es decir, por debajo de Pedro y con Pedro. Así que cualquier disenso entre la enseñanza del Papa y el obispo es teóricamente inconcebible. Déjeme añadir algo más: Desde tiempos inmemoriales la Iglesia está convencida de que la unidad de Cristo con su Iglesia, que es su cuerpo, es normativa también para el matrimonio. Y el apóstol Pablo lo dice explícitamente: «El matrimonio es un misterio profundo. Yo lo refiero a Cristo y la Iglesia». Y Cristo dice entonces, lógicamente, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. A esto no hay realmente nada más que añadir. Puede usted pensar tal vez que esto se lo lanzo como un disparo. Es que todos los días me veo confrontado con estas cuestiones y por eso su pregunta no era nueva para mí.
–Esta no es la misma posición, idéntica, que la de su colega Zollitsch. Él llama a una mayor integración en la vida comunitaria, también una integración de las personas divorciadas. Y cree que en Roma también habría diferentes opiniones sobre esto. Así que la de la CDF, por tanto, no contaría más que las otras. ¿Entonces, qué es lo que tiene validez?
–Sr. Liminski, escuche por una vez a un viejo obispo. En mi última visita al Papa Francisco pude hablar muy francamente con el Santo Padre sobre todos los temas. Y también le dije que cuando habla en forma de entrevistas y breves discursos se quedan algunas preguntas abiertas, que para los no iniciados deberían en realidad precisarse más. El Papa me miró fijamente y me dijo que le mencionara un ejemplo.
Y mi respuesta fue entonces que a su regreso de Río a Roma, mientras viajaba en el avión, se le mencionó el problema de los divorciados vueltos a casar. Entonces el Papa simplemente me respondió: «los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar. En la Iglesia Ortodoxa se pueden casar dos veces». Hasta ahí su declaración.
Luego habló de la misericordia que, sin embargo, a mi modo de ver, y así se lo dije, en este país siempre se interpreta como un sustituto de todas las posibles faltas del hombre. Y el Papa me respondió muy enérgico que era un hijo de la Iglesia Católica, y que él no dice otra cosa que lo que la Iglesia enseña. Y la misericordia debe ser idéntica a la verdad, de lo contrario no merece el nombre de la misericordia.
Y, por lo demás, él me dijo expresamente que cuando ciertas cuestiones teológicas se mantienen abiertas, entonces la importante Congregación para la Doctrina de la Fe está ahí, para aclarar y formular detalladamente. También debe pensar que antes del Concilio el propio Papa era el presidente de esta congregación, y ella es, en el orden curial, la que está en el primer puesto, ahora lo mismo que antes. No se puede hablar del Prefecto como si fuera un ciudadano particular, sólo porque él anteriormente fuera miembro de la Conferencia Episcopal (alemana).
–Ahora el Papa ha iniciado una encuesta de opinión acerca de la familia y el matrimonio y la moral sexual de cara al Sínodo del próximo otoño. Y para Colonia ya hay resultados. Así se observa que en la población se van las cosas de modo diferente que en Roma. ¿No debería, debe, adaptarse la iglesia?
–También dije con anterioridad que la Iglesia tiene que adaptarse a la Palabra de Dios y no a la opinión de la gente. Debemos, como Iglesia, conocer la opinión de la gente, para después proclamar la Palabra de Dios en función de esto. Pero adaptarse al modo que usted pregunta no es una categoría del Evangelio. Es sorprendente que, por ejemplo, la Iglesia Evangélica Luterana, con su documento de toma de posición sobre la temática de la sexualidad, se haya alineado totalmente con el llamado espíritu de los tiempos en los asuntos de la sexualidad. Y, ¿cómo se ve en la situación de la Iglesia Evangélica Luterana? He oído decir que los números de abandono de la iglesia luterana son ahí aún más altos que los nuestros. De manera que, en última instancia, este éxodo no puede deberse a la cuestión de la sexualidad.
–El ZdK (comité central de los católicos alemanes) lo ve un poco diferente. El Presidente Glück aboga por adaptarse e integrar plenamente a los divorciados vueltos a casar, es decir, admitirles también a la Eucaristía. El ZdK quiere casarse con el espíritu de los tiempos, se podría decir. Ahí desertan unidades enteras de los ejércitos cristianos. ¿No tiene miedo del aislamiento?
–Bueno, no conozco el miedo al aislamiento. En la escuela primaria, en Turingia, yo era el único chico católico. Y siempre estaba en medio y no me dejaba aislar. La misión del ZdK es hacer visible y efectivo el Evangelio en las dimensiones de lo secular, es decir, en el mundo. Y aquí, este gremio debe dejarse hacer realmente en serio la pregunta: ¿Se han mantenido fieles a su misión y la vocación?
¿Y formula usted, en este contexto, la pregunta de si yo he de temer un cierto aislamiento? Lo que yo tengo es auténtica preocupación por las personas que deforman a conveniencia su propia fe en lugar de aceptarla respetuosamente como el mismo Cristo nos la ha confiado. Esto no trae ninguna solución. En el siglo IV, a raíz de la herejía de los arrianos, se decía que de la noche a la mañana, la Iglesia se había vuelto arriana. Pero eso no quedó así. Se convirtió en católica de nuevo. Y por eso, por hostiles que sean los números, no me asustan. Debo decir que simplemente debemos preguntarnos lo que Dios quiere.
Y la Iglesia sabe desde hace 2.000 años que lo que Dios ha unido el hombre no lo puede separar. Otra cuestión diferente es la de si todos los matrimonios son realmente válidos. Si debería haber criterios nuevos que permitieran dictaminar si un matrimonio no ha tenido lugar realmente y no es válido. Pero esa es otra cuestión. Ahí no se trata de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la Santa Comunión.
–Su Eminencia, mañana cumple 80 años. ¿Presentará su renuncia al Papa o pedirá que deje que se jubile? La cuestión de la sucesión está abierta, y yo ni siquiera querría abrir este barril, a menos que tenga una preferencia que desee decirnos. Pero mirando hacia atrás, hacia los 25 años de Colonia se puede preguntar, ¿qué le ha impresionado más durante estos años de su tiempo obispado?
–Voy a enfrentarme permanentemente con esas preguntas. Pero para empezar, todo lo referente a mi sucesor como arzobispo de Colonia lo llevo a mi oración personal diaria. Pero con la gente, incluso con mis colaboradores más cercanos, no hablo de ello. Así que comprenderá que, por supuesto, no voy a charlar de ello con usted, siendo periodista de Deutschlandfunk.
Pero lo que más me ha impresionado en estos 25 años de mi servicio como Arzobispo de Colonia es, con diferencia, la lealtad y fortaleza de la fe de nuestros sacerdotes que están dispuestos, en situaciones difíciles, a tomar sobre sí un nuevo concepto de la cura de almas, motivado por la escasez de vocaciones, y están recorriendo en esto un territorio inexplorado. Lo que me conmueve positivamente una y otra vez en nuestros sacerdotes, diáconos y miembros del personal que tiene a cargo el cuidado de las almas, es la fuerza de su fe y la alegría en la fe, a pesar de las permanentes noticias negativas de los medios, o como se han hecho escuchar aquí también, en su entrevista. Que no se resignen interiormente, eso es un milagro.
–¿Tiene usted un deseo para la Navidad y el futuro?
Sí, de hecho varios deseos, pero mi deseo principal para la Navidad y el futuro es que el gozo de Dios –que es nuestra fuerza, como el Santo Padre subrayó en su carta apostólica–, que el gozo de Dios nos ayude de manera efectiva a la remodelación del mundo. Y esa es la única fuerza que bastará para que la Iglesia cumpla su misión, aunque contemos con menos impuestos eclesiásticos, o lo que sea. Y no sólo a duras penas, sino incluso también con un poco de pompa y circunstancia.
–Este ha sido el cardenal Joachim Meissner, arzobispo de Colonia , aquí en la Navidad de Alemania radio. Muchas gracias por la entrevista , Sr. Cardenal.
–Muy bien. Les deseo lo mejor y que celebren una feliz Navidad.
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martes, 15 de octubre de 2013
¡Dad gracias al Señor,...!
El evangelio de este domingo pasado (Lc 17, 1-19), nos ha venido a recordar el valor inmenso del agradecimiento. Recordándolo muy brevemente: 10 leprosos acuden a Jesús para que, conociendo su fama de sanador, tuviese misericordia de ellos y los curase de su terrible enfermedad. Jesús tiene compasión de ellos y al despedirlos quedan limpios. Al darse cuenta que estan sanados, tan sólo uno de ellos, precisamente el samaritano, el considerado extranjero y hereje, vuelve para darle las gracias a Jesús. Y ante este gesto de justicia, reconocimiento y fidelidad,...de amor, Jesús le dice: "Levántate, vete: tu fe te ha salvado". En ese momento se realiza el segundo milagro, el gran milagro. Los otros 9 quedaron curados de su enfermedad corporal, curación temporal ya que volverían a enfermar o la fragilidad corporal los llevaría a la muerte, como todos los humanos. Pero la gratitud del samaritano le permitió alcanzar la salvación, es decir la vida eterna. Cristo le concedió la sanación del alma, la limpieza del pecado.
Sobre el valor de la gratitud, en la misa se produce un dialogo precioso entre el sacerdote y el pueblo cristiano, que es aclarador y definitivo. En un momento el sacerdote levanta los brazos y se dirige a nosotros diciendo:
"-levantemos el corazón"
Y todos respondemos:
"-lo tenemos levantado hacia el Señor"
-"Demos gracias al Señor"
-"Es justo y necesario"
-"En verdad es justo y necesario. Es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar"
Lo que declaramos es sumamente definitorio: dar gracias a Dios, no es que sea algo opcional, si no que es un deber, y no sólo de forma puntual cuando nos sentimos tocados por Dios, si no siempre y en todo lugar. Porque de ello depende nuestra salvación.
La gran objeción podría ser ¿por qué debemos dar siempre gracias a Dios, cuando la suerte nos es adversa, cuando parece que Dios no nos escucha, que todo nos sale mal?
Si te haces estas preguntas es que no te has dado cuenta de todo lo que te ha dado Dios, cosas esenciales pero no vistosas (así suele trabajar Dios), como es la vida que te se ha sido concedida gratuitamente sin que tú hicieses nada, el hecho de ser cristiano, de poder disfrutar del conocimiento de la amistad y el amor de Dios es porque el mismo Jesús, al igual que a los apóstoles, te ha llamado personalmente. Si te pones a pensar todo es gracia, todo proviene de Dios.
Os dejo dos vídeos para reflexionar sobre el valor de lo que tenemos y la gratitud.
El primero es un extracto de un texto de Facundo Cabral.
El segundo es sobre una joven (Lizzi Velasques) que sufre un extraño síndrome que la impide engordar y tiene un aspecto calavérico. Parecería que tendría motivos más que suficientes para quejarse ante Dios. Pero todo lo contrario, dá las gracias publicamente por todo lo bueno que Dios le ha dado, sobre todo creo yo es el espíritu de lucha y superación.
Ésta es la transcripción al español de su testimonio, ya que el video está en inglés sin subtítulos:
"Estaba en casa, sentada ante el ordenador oyendo música en Youtube, y me di cuenta de que en la parte de la derecha, en los relacionados, había una foto que me resultó muy, muy familiar. Así que hice clic, sin saber que haciendo ese clic mi vida iba a cambiar completamente. Lo primero que vi fue mi imagen de cuando yo tenía once años, y el título de este vídeo era La mujer más fea."
"¡Imaginen lo que es estar oyendo música tranquilamente y de repente encontrarse con tu propia foto y verte catalogada como la mujer más fea del mundo! Piensen cómo te puede hacer sentir eso. Imaginen luego que, después de ver ese terrible, terrible vídeo, ves que cuatro millones de personas lo ha visto. ¡Cuatro millones! Me sentí como si alguien me hubiese puesto ante la pantalla y me golpease una y otra vez, una y otra vez."
"Seguí bajando por la pantalla y vi que había miles y miles y miles de comentarios. Me puse a leerlos uno tras otro. Y ¡ninguno! era positivo. ¡Ninguno! Estos comentarios me decían que le hiciese al mundo el favor de cortarme la cabeza, que saliese de casa con una bolsa en la cabeza porque si no la gente que viese mi casa se volvería ciega, otros me daban consejos sobre cómo suicidarme...".
"Yo estaba en el instituto cuando vi esto. El vídeo me representaba cuando yo tenía once años, y eso se decía en el vídeo. Y yo no podía comprender cómo alguien, fuese cual fuese su edad, podía hacer esto, decir cosas tan, tan terribles, sin saber si alguna vez esa persona las iba a ver. Lloré hasta dejarme los ojos leyendo esos comentarios."
"Mis lágrimas se transformaron después en rabia. Me lavé la cara, me puse ante el teclado, y quería responder a todos y cada uno de los mensajes. No sabía qué iba a decirles, pero quería hacerles sentir mal, hacerles sentir mal por poner mi rostro en la pantalla y decir todas esas cosas horribles de alguien a quien ni siquiera conocían".
"Pero luego me detuve y me di cuenta de que eso no valía para nada. ¿Qué ganaba con ponerme a su nivel? ¡Nada! Era empezar una batalla inacabable para no ganar nada. Así que no lo hice, y pasé un tiempo muy duro. Un tiempo muy duro, no les voy a mentir. Pero una tenue voz en mi cabeza, que yo sé que era Dios, me dijo: Déjalo pasar. Y es lo que hice. Fue muy duro para mí, muy difícil. Se lo dije a mis padres, que estaban en el jardín, y me dijeron: Sigue siendo tú misma. Y es lo que hice."
"Seguí yendo al instituto, donde todo era maravilloso a pesar de este vídeo. Me gustaba encontrarme con la gente, me gustaba empezar cada día. Mi relación con Dios era mejor que nunca".
"Dios, Tú me hiciste la mujer que soy por una razón. Tú me diste todas las luchas durante mi crecimiento para hacerme más fuerte. Tú me hiciste parecer diferente para que yo pueda ver una belleza que no es la que definen los medios de comunicación. Dios está actuando a través de mí para ayudarme a decirles algo".
"Pero la única forma que tengo para cumplirlo, para continuar con ello el resto de mi vida, es mi fe, mi familia y mis amigos. La fe es lo primero en mi vida. Cuando pienso que Dios me dio el síndrome, antes lo veía como un cartel que decía Maldición, ahora veo lo que Dios me dio como un cartel sonriente y brillante que pone Bendición. Y siempre lo veré como una bendición."
"Todos los porqués que me he preguntado, todos los "por qué yo", "por qué me hiciste esto a mí", tienen una respuesta. Y he aprendido a dejar de preguntarme por qué. Porque sé que Dios hace todo absolutamente todo por una razón, y tienes que rendirte y aceptarlo porque es Su voluntad, lo veas o no lo veas. ¡A veces te sorprendes tanto y dices: Gracias, Dios!"
"Cada vez que hago algo, lo hago entusiasmada, porque sé que Dios va a estar ahí para ayudarme, para levantarme cuando me caiga y para elevarme aún más alto. Y les voy a decir ahora, que si dejan de preguntarse por qué, y empiezan a decir "¡Gracias, Dios!", obtendrán todas las respuestas."
"Gracias por acogerme, por escuchar mi mensaje, y espero, espero de verdad, que sepan que Dios les puso aquí por una razón y quiere que compartan esa razón, sea cual sea".
P.S.: Agradecer a Ximena por darme a conocer el texto de Facundo Cabral. El segundo video está tomado del portal de internet "religion en libertad"
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jueves, 10 de octubre de 2013
El Perdón: el gran regalo del Amor
Dos videos con una conferencia del padre Juan Jaime Escobar sobre el perdón.
Es un poco larga, pero esta dividida en dos partes, que se pueden ver una un día, y la otra al día siguiente, pero merece mucha la pena. Tiene un mensaje muy potente, muy completa e instructiva.
Quizás peque de un exceso de teatralidad, que la hace divertida, pero a la vez parece que quita importancia o valor a lo que esta transmitiendo.
También indicar una incorrección que puede producir una falsa idea sobre Dios en el oyente, y es que en un momento de la conferencia dice, y repite, que Dios no es justo. Esto no es realmente así, la justicia es buena, y por lo tanto Dios es justo, no injusto, lo que ocurre es que en Dios el amor está por encima de la justicia.
Aún así es muy recomendable dedicarle un tiempo para escucharla detenidamente y reflexionar sobre ello.
P.S.: Gracias a Elisabeth por enviarme estos videos.
Es un poco larga, pero esta dividida en dos partes, que se pueden ver una un día, y la otra al día siguiente, pero merece mucha la pena. Tiene un mensaje muy potente, muy completa e instructiva.
Quizás peque de un exceso de teatralidad, que la hace divertida, pero a la vez parece que quita importancia o valor a lo que esta transmitiendo.
También indicar una incorrección que puede producir una falsa idea sobre Dios en el oyente, y es que en un momento de la conferencia dice, y repite, que Dios no es justo. Esto no es realmente así, la justicia es buena, y por lo tanto Dios es justo, no injusto, lo que ocurre es que en Dios el amor está por encima de la justicia.
Aún así es muy recomendable dedicarle un tiempo para escucharla detenidamente y reflexionar sobre ello.
Acabo con una pequeña historia, que leí hace unos días en la red, sobre santa Faustina Kowalska (divulgadora de la devoción a la divina Misericordia por mandato expreso de Jesús), donde se deja ver la clase de perdón que Dios nos da, y que quiere que nosotros también demos a nuestros hermanos.
Llevaba
Santa Faustina unos días algo inquieta por unas visiones que
tenía. Dudando de si eran de Dios o, al contrario, eran provocadas por
el demonio para confundirla, lo habló con su confesor. Éste, que era una
persona muy espiritual como después se demostró, le dijo: “La próxima
vez que veas la visión pregúntale cuál fue el último pecado que te
perdonó Dios”.
Así
lo hizo Santa Faustina y en la próxima ocasión que tuvo dijo a la
visión: “¿Cuál es el último pecado que me perdonó Dios?” Y la visión
respondió: “No me acuerdo”.
Volvió la Santa al confesor y le contó la respuesta recibida, a lo que este dijo: “Verdaderamente es Dios a quién ves”.
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sábado, 2 de marzo de 2013
Una mirada atrás
Este martes se ha dado una curiosa coincidencia en el blog. A parte de ser el día de hacerse efectiva la renuncia del papa al ministerio de sucesor de san Pedro, al escribir sobre ese tema cree la entrada número 100, además de coindicir con que el marcador de visitas indicase que el número de personas que han entrado al blog desde su comienzo (?) ha sido de 10.000.
Esto me ha provocado que echase la vista atrás para que ver que ha sido la historia del blog. Me parece que fue ayer, pero ya han transcurrido casi 3 años y medio desde su primera entrada: ¿Por qué nace este blog?
El blog ha cambiado como también ha cambiado su redactor. Han cambiado sus objetivos, la visión sobre el mundo y la Iglesia (no sé si a mejor a peor), como también mi propia visión como cristiano, más realista y autocrítica conmigo mismo.
He vuelto a leer entradas que me han emocionado y que me han parecido muy buenas (casi siempre copiadas de otros sitios), y otras que me parecen intranscendentes después de cuando se escribieron.
Curioseando, se puede comentar que las 10.000 visitas han provenido de 54 países diferentes, como es previsible la mayoría procede de Alemania, país de origen del blog, y donde tiene la mayoría de seguidores fijos. Pero también, gracias a la universalidad de internet, tenemos muchos lectores en paises hispanos (incluso en el contador de blogger tenemos más lectores de México que de Alemania). A parte de lo pintoresco y exótico de algunos visitantes, me alegra profundamente las muchas visitas provenientes de Estados Unidos, cuyo lengua oficial es el inglés pero que posee muchos inmigrantes o de origen hispano que todavía mantienen su lengua original viva.
También puedo comentar que muchas de las conexiones proceden de la página web de la Misión católica de lengua española de Colonia-Bonn, por lo que es muy de agradecer que nos tengan enlazados en la página web.
De las entradas, me llama la atención, que la más vista es la de Jesús y la oración, no por el tema, si no porqué saca una distancia superior al doble a la segunda (El logotipo del grupo)
Espero que las próximas 100 entradas sirvan para acercar más los lectores a Jesucristo, fuente de nuestra salvación. Único objetivo por el que merece la pena el esfuerzo de buscar materiales y escribir para mantener vivo este blog.
Para terminar les dejo una conferencia de Juan Manuel Cotelo (director de La Última Cima) sobre los medios de comunicación y la nueva evangelización, donde a mí me ha sugerido unas interesantes reflexiones.
lunes, 11 de febrero de 2013
Sobre la renuncia de Benedicto XVI
A decir verdad, la noticia no me ha gustado nada, pienso que Benedicto es y ha sido un gran papa, con una gran formación doctrinal y teológica y con una gran experiencia en la vida de la Iglesia, pero sobre todo por ser un gran conocedor de la realidad que vive actualmente el mundo y en concreto la Cristiandad. Nunca ha ocultado los problemas que ha tenido la Iglesia y ha actuado con decisión para atajarlos (me acuerdo en estos momentos de los terribles casos de pederastia). Sinceramente creía (o quizás mejor quería) que iba a aguantar en su puesto hasta el final de su vida.
Tan sólo he conocido dos papas en mi vida: Juan Pablo II y Benedicto XVI. De Juan Pablo II tengo conciencia de su labor como papa al final de su vida. No he leido ningún documento de su magisterio (y de tampoco no magisteriales), como creo que la inmensa mayoría de los católicos. Pero sé que atraía a grandes masas para escucharle, allí donde iba se reunían multitudes que le querían. Según casi todos fue un gran papa, que tomo decisiones importantes en momentos de la historia cruciales. Pero a parte de esta visión superficial de su apostolado, lo que me llegó espiritualmente fueron sus últimos años de vida, como un hombre pleno físicamente, gran deportista, con gran vitalidad, al final de su vida su salud se fue deteriorando hasta ofrecernos esas imágenes de un hombre débil y prácticamente derrotado por la enfermedad. Pero como aparte de esta fragilidad nunca renunció, si no que permaneció al frente de la Iglesia. Seguramente no podría dirigirla físicamente, y las decisiones las tendrían que tomar sus colaboradores directos, pero su ejemplo de esfuerzo y de amor hacia los fieles hasta el final me dejo una huella mayor que todas sus encíclicas y cartas pastorales juntas. Yo veía la grandeza de Dios no en las grandes concentraciones de masas, ni en los grandes discursos, si no en ese hombre machacado por la enfermedad que era el representante de Cristo en la tierra, el portador de su mensaje en su propia persona, mensaje de amar y dar la vida por los demás hasta el final, de aceptacion de la propia debilidad y sufrimiento, y abandono a la voluntad de Dios.
Sin duda vivimos un hecho histórico. Pocas veces en la vida se asiste a un cambió de papa, pero en este caso la situación es más extraordinaria, ya que no se produce por la muerte del Santo Padre, si no por la renuncia del mismo. Éste es un hecho sumamente raro en la historia de la Iglesia, el último papa que dimitió fue Gregorio XII hace ya casi 600 años, y de los 264 papas anteriores unos pocos (8 ó 9) habían renunciado.
Benedicto ya había manifestado alguna vez que no tendría problema de abandonar el papado si las circustancias no le permitían seguir ejerciendo su cargo con las facultades que el mismo le exigían. Así en su libro-entrevista "Luz del Mundo" de 2010 se puede leer: “Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar”.
Sin duda que Benedicto, en plenas condiciciones mentales ha llegado al discernimiento que ha llegado a este punto de su vida. Y considero con absoluta certeza que si ha tomado esta decisión ha sido por considerarla la mejor para la Iglesia. En le mismo libro también considera que la renuncia no es algo que se deba decidir a la ligera: “Si el peligro es grande, no se debe huir de él. Por eso, ciertamente no es el momento de renunciar. Justamente en un momento como éste hay que permanecer firme y arrostrar la situación difícil. Ésa es mi concepción. Se puede renunciar en un momento sereno, o cuando ya no se puede más. Pero no se debe huir en el peligro y decir: que lo haga otro”
Por lo que considero que los motivos de su renuncia no pueden ser otros que por los él expuestos hoy: "para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado".
Benedicto aunque no lo queramos ya es un anciano de 85 años (debemos pensar que Juan Pablo II murió con 84 años) con todos los achaques que se van acumulando, así parece que tiene problemas de hipertensión, del corazón, de artrosis en la cadera que le impiden practicamente andar, y casi está ciego del ojo derecho.
Benedicto aunque no lo queramos ya es un anciano de 85 años (debemos pensar que Juan Pablo II murió con 84 años) con todos los achaques que se van acumulando, así parece que tiene problemas de hipertensión, del corazón, de artrosis en la cadera que le impiden practicamente andar, y casi está ciego del ojo derecho.
Aunque no me guste, sé también que es la voluntad de Dios que así sea, y me encomiendo al Espíritu Santo para que inspire a los cardenales electores y elijan a un nuevo papa que nos guié por la senda de la verdad hacia el encuentro con Dios.
Ante los hechos consumados tan sólo me queda dar gracias a Dios por habernos dado un pastor santo, y agradecer al todavía santo padre por los esfuerzos, sufriemientos y entrega que ha hecho para darnos ejemplo y enseñarnos el camino a seguir, por habernos guiado, educados y querido como un aunténtico padre.
sábado, 2 de febrero de 2013
El Credo. Resumen de nuestra Fe
Sobre el cristianismo y alrededor de él se han vertido ríos de tinta y se han talado frondosos bosques. Pero de las millones de páginas escritas tratando de relatar, explicar, profundizar, polemizar,..., este fenomeno, considero en mi opinión que tan solo 2 libros son imprescindibles para conocer lo que es el cristianismo. Uno por supuesto es la Biblia, donde se encuentra el mensaje revelado por Dios a los hombres, y el otro es el Catecismo de la Iglesia Católica, en donde encontramos la doctrina de la Iglesia, todas las enseñanzas que un católico debe creer y seguir en su vida.
Alguno un poco flojo me dirá que leerse esos dos libros es ejercicio complicado, ya que son muy voluminosos. Seamos sinceros, muy pocos se han leído esos libros, y no porque sean gordos, si no porque tienen sus complejidades. La Biblia es un conjunto de libros, de diferentes estilos, algunos muy hermosos, pero otros muy complicados de entender, como el Apocalipsis o la Carta a los Romanos, y otros tediosos como los de la ley o del pentateuco, llenos de genealogías difíciles de seguir y largas series de preceptos. En el caso del Catecismo, es que realmente no es un libro de lectura seguida, si no de consulta, a modo de una enciclopedia o diccionario. Acudimos al catecismo a consultar algún tema sobre la fe.
Pero parece que Dios nos ha puesto facilidades para que no tengamos excusa a la hora de conocer su mensaje y volundad; así en la Biblia tenemos los 4 evangelios canónicos donde se desvelan y se cumplen todas las profecias hechas por los profetas anteriores, así como Jesús lleva a su plenitud la revelación y la ley de Dios. Los evangelios son complementarios, cada uno aborda desde una diferente perspectiva la vida y obra de Jesús. Para mí el que mejor refleja el mensaje de Jesús es el evangelio según san Mateo, donde contiene grandes enseñanzas, como las del sermón de la montaña. [Además son libros muy cortitos :)]
Para el Catecismo, desde muy antiguo han existido en la Iglesia compendios que resumían las creencias de los cristianos, pero de todos ellos dos son los más populares, y que son conocidos y recitados por la mayoría de los creyentes. Así tenemos la suerte de con unas cortas frases expresar todo el contenido de nuestra Fe. Estos textos son el "Símbolo de los Apóstoles", considerado como el resumén de la fe transmitida por los apóstoles, y además el utilizado desde antiguo como símbolo bautismal por la Iglesia en Roma. Y el "Credo de Nicea-Constantinopla" que fue desarrollado durante los tempranos concilios ecuménicos de Nicea (325 d.C.) y Constantinopla (381d.C.) para afianzar la creencia católica en la Santísima Trinidad, (ya que por aquellos tiempos la Iglesia sufría una gran división a causa de la extensión de la herejía arriana, la cuál no aceptaba a Jesús como Hijo de Dios, en concreto aceptaba su naturaleza humana, pero no su naturaleza divina, compartida con Dios Padre).
El origen de estos credos es tan antiguo que están aceptados por todas las confesiones cristianas tradicionales (católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, calvinistas,...), por lo que podemos decir que aquellos que no aceptan en su totalidad lo enseñado en el credo no pueden considerarse cristianos. Así todo aquél que desea entrar y permanecer en la Iglesia debe creer y profesar las verdades de la Fe antes de recibir el bautismo (en caso de los niños son los padrinos los que hacen la profesión de Fe en nombre del niño que recibe el bautismo, comprometiendose en educar al niño en la fe a la que se han adherido en su nombre).
Si no se acuerda exactamente lo que dicen estos Símbolos de la Fe los puede consultar en este enlace:
http://documentosunidosenlafe.blogspot.de/2013/01/el-credo.html
Los he colgado en un blog paralelo que he creado llamado "Documentos de Unidos en la Fe". Este blog tiene el objetivo de ofrecer (poco a poco) aquellos documentos: oraciones, enseñanzas,... que nos puedan ser interesantes y que forman parte del gran tesoro de la Fe cristiana. He considerado mejor ofrecerlo en un blog diferente ya que podía dificultar la lectura de este blog, que tiene un perfil diferente. Podríamos decir, a semejanza del Catecismo, que es un blog de consulta sobre aquellos puntos donde queramos profundizar.
Tenéis un enlace al mismo en la columna de la izquierda, justo debajo de los datos personales del perfil.
Para terminar os dejo una versión del Credo cantado en rap. A pesar de lo novedoso y lo chocante que pueda parecer escuchar una oración cristiana tan antigua en ese estilo musical, la verdad es que si se escucha la letra es impecable con lo proclamado en el Credo.
Espero que les guste.
viernes, 11 de enero de 2013
2013. El año de la Fe
"¡Creo Señor, pero aumenta mi poca fe!" Mc 9, 24
Este año que comienza será importante para la Iglesia, el papa Benedicto XVI ha convocado un año de la Fe que terminará el 24 de noviembre. Ya hemos oído hablar de él, y seguro que seguiremos escucharlo a lo largo de todo el año.
El Año de la Fe comenzó en octubre, en una fecha tan simbólica como el 11 de octubre, conmemoración del 50 aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II. El optimista papa Juan XXIII convocó este concilio ecuménico con la intención de dar un nuevo impulso a la Iglesia, para que adaptándose a las nuevas circunstancias del mundo (tras la terrible II Guerra Mundial y en plena Guerra Fría) pudiese revitalizarse, superar la incipiente crisis de la Iglesia en el mundo moderno, y volver a conectar y atraer con el hombre actual. Un joven Ratzinger estuvo presente y pudo participar en el Concilio como asesor teológico del Arzobispo de Colonia Frings. Quizás uno de los frutos inmediatos más destacados en este intento de adaptación a los tiempos modernos fue la sustitución de la misa tridentina en latín por la actual misa (Novus Ordo) en la lengua vernácula de cada pueblo.
Después de 50 años el Concilio no consiguió aplacar la crisis, si no más bien se fue agudizando en grandes regiones del mundo como en Europa donde la secularización es dominante; en Iberoamérica, donde las confesiones protestantes tienen un avance notable a costa de la comunidad católica; o en Oriente medio y próximo donde las pequeñas confesiones cristianas están siendo eliminadas a causa de las guerras y el fundamentalismo islámico.
Aunque el número de católicos aumenta cada año, sobre todo debido al crecimiento demográfico en América y los frutos misioneros en África y Asia. En Europa el número de bautizados se mantiene, pero no para de descender el de adultos que se consideran católicos, de éstos apenas una minoría se puede considerar practicante en las obligaciones más básicas, no digamos nada en el magisterio completo de la Iglesia. Son significativos los datos sobre el aborto, vocaciones religiosas, divorcios o matrimonios civiles en países tradicionalmente católicos. Nadie, ni dentro, ni fuera de la Iglesia niega la decadente situación del cristianismo en la Europa occidental, antaño bastión de la Cristiandad. En definitiva: Europa se ha convertido en tierra de misión.
El papa Juan Pablo II al finalizar el siglo XX era consciente de esta grave crisis, por lo que eran habituales sus llamamientos a una nueva evangelización para el III milenio, pero su avanzada edad no le permitió poner en marcha este proyecto. Ha sido su colaborador y sucesor en el papado quien consciente de la premura y de la importancia de ello, haya convocado este Año de la Fe, con el objetivo de relanzar este proyecto de vuelta a la misión. Para ello comenzó este año con un Sínodo para la nueva evangelización. Se reunió a obispos y especialistas de todo el mundo para buscar la mejor forma de volver a anunciar el evangelio al Occidente paganizado y secularizado. Tendremos que ver a lo largo de este año que iniciativas y proyectos surgen.
Desde mi punto de vista, y a modo de reflexión (sé que las cosas son más complicadas de lo que parece, y doctores tiene la Iglesia que saben mejor que yo lo que tienen que hacer) quiero exponer una serie de puntos sobre la vuelta a predicar la Buena Noticia:
Creo que debe cambiarse el concepto de pastoral en las diócesis europeas. El funcionamiento de las parroquias sigue basándose desde siglos en la guía de un pueblo mayoritariamente cristiano. La fe se transmitía en las familias de padres a hijos, y sacerdotes y religiosos se dedicaban a dirigir y afirmar esta fe a través de la educación y la administración de los sacramentos. Pero las condiciones en el mundo occidental han ido cambiando, sobre todo a partir de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con las revoluciones liberales (francesa, de 1830, 1848) y la difusión de las ideologías marxistas y liberales, que abrieron una profunda brecha en la cristiandad (no entro a valorar ahora el cisma de occidente de 1517, que dinamitó el cristianismo por dentro en multitud de confesiones y que considero el mayor problema para proclamar el evangelio en el mundo). En el siglo XX está brecha se fue agrandando: la extensión del comunismo dejo amplísimas zonas de Europa descristianizadas, donde la religión estaba prohibida. Además la ideología atea marxista fue impregnando capas fundamentales de la sociedad occidental: jóvenes, obreros, intelectuales,... alejándoles de Dios, incluso en la Iglesia a través de la deformación de la teología de la liberación. Por otro lado nos encontramos la ideología liberal, donde los valores religiosos y morales están supeditados a los valores económicos y de libertad. El crecimiento y bienestar económico está por encima de todo, esto sin duda ha llevado a un gran progreso económico y a un gran desarrollo tecnológico en muchos países occidentales, pero a un gran coste moral. Como consecuencia hemos elevado a categoría de dioses el dinero, el consumismo o posesión de bienes, el culto al cuerpo, los placeres sensitivos, el hedonismo,...Todos ellos se encuentran con un gran enemigo que es la moral cristiana, que pone al descubierto la falsedad de estos ídolos, la deshumanización que producen y la profunda insatisfacción e infelicidad a la que abocan. De este enfrentamiento surgen muchas ideologías directamente enfrentadas con el cristianismo: ideología de género, racionalismo, cientificismo,...Ideologías que inculcan en las gentes la idea de una Iglesia en contra de la libertad de las personas, contra el desarrollo científico y el conocimiento,...Todos los medios de comunicación y sistemas educativos de una u otra corriente ideológica propagan estas ideas (por no hablar de la divulgación de los escándalos de la Iglesia: pederastia, corrupción, concupiscencia,...), creando unos prejuicios a grandes masas de la población que se cierran totalmente a la posibilidad de considerar la vida cristiana como una alternativa seria. La práctica cristiana queda para viejas beatas, fundamentalistas, e ignorantes que siguen creyendo en viejas supersticiones.
Creo que debe cambiarse el concepto de pastoral en las diócesis europeas. El funcionamiento de las parroquias sigue basándose desde siglos en la guía de un pueblo mayoritariamente cristiano. La fe se transmitía en las familias de padres a hijos, y sacerdotes y religiosos se dedicaban a dirigir y afirmar esta fe a través de la educación y la administración de los sacramentos. Pero las condiciones en el mundo occidental han ido cambiando, sobre todo a partir de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, con las revoluciones liberales (francesa, de 1830, 1848) y la difusión de las ideologías marxistas y liberales, que abrieron una profunda brecha en la cristiandad (no entro a valorar ahora el cisma de occidente de 1517, que dinamitó el cristianismo por dentro en multitud de confesiones y que considero el mayor problema para proclamar el evangelio en el mundo). En el siglo XX está brecha se fue agrandando: la extensión del comunismo dejo amplísimas zonas de Europa descristianizadas, donde la religión estaba prohibida. Además la ideología atea marxista fue impregnando capas fundamentales de la sociedad occidental: jóvenes, obreros, intelectuales,... alejándoles de Dios, incluso en la Iglesia a través de la deformación de la teología de la liberación. Por otro lado nos encontramos la ideología liberal, donde los valores religiosos y morales están supeditados a los valores económicos y de libertad. El crecimiento y bienestar económico está por encima de todo, esto sin duda ha llevado a un gran progreso económico y a un gran desarrollo tecnológico en muchos países occidentales, pero a un gran coste moral. Como consecuencia hemos elevado a categoría de dioses el dinero, el consumismo o posesión de bienes, el culto al cuerpo, los placeres sensitivos, el hedonismo,...Todos ellos se encuentran con un gran enemigo que es la moral cristiana, que pone al descubierto la falsedad de estos ídolos, la deshumanización que producen y la profunda insatisfacción e infelicidad a la que abocan. De este enfrentamiento surgen muchas ideologías directamente enfrentadas con el cristianismo: ideología de género, racionalismo, cientificismo,...Ideologías que inculcan en las gentes la idea de una Iglesia en contra de la libertad de las personas, contra el desarrollo científico y el conocimiento,...Todos los medios de comunicación y sistemas educativos de una u otra corriente ideológica propagan estas ideas (por no hablar de la divulgación de los escándalos de la Iglesia: pederastia, corrupción, concupiscencia,...), creando unos prejuicios a grandes masas de la población que se cierran totalmente a la posibilidad de considerar la vida cristiana como una alternativa seria. La práctica cristiana queda para viejas beatas, fundamentalistas, e ignorantes que siguen creyendo en viejas supersticiones.
Entonces la gran cuestión es como se rompe esa barrera que nos separa de este mundo secularizado. Creo que para todo debemos seguir el ejemplo de Jesús, el Maestro. En el fondo el hombre es el mismo de siempre, y el mensaje de Dios es eterno.
¿Que hizo Jesús? No se quedó en su carpintería de la aldea de Nazaret a que le viniesen a ver las gentes del pueblo, los fariseos, los sacerdotes, los pecadores, los enfermos,... para predicarles y sanarles. Fue Él, el que dejándolo todo se fue a predicar por caminos, en sinagogas y plazas, en el monte o en el campo abierto, desde la barca, y curando a cualquiera que se le presentase.
El mensaje que transmitía era un mensaje duro, radical, de máximos, buen ejemplo es el sermón de la montaña: "si tu ojo te hace pecar, arráncatelo .." "cualquiera que se enoje contra su hermano será reo por asesino.." "Sed perfectos, como vuestro Padre del Cielo es perfecto" (Mt 5) Para ello utilizaba también parábolas, las analogías que ayudaban a la gente a entender las ideas que quería hacer llegar. Con ello quiero decir que se pueden y se deben utilizar todas las herramientas tecnológicas y educativas que tenemos a nuestro alcance para evangelizar, pero sin desvirtuar ni ocultar toda la doctrina de Cristo. Por poner un ejemplo, es dificilísimo encontrar una predica sobre los "novísimos", sobre el juicio final y posibilidad cierta de condenarse eternamente en el infierno, incluso una vez un religioso me dijo que el diablo no existía, que se había descubierto que era una leyenda de origen babilónico. Parece que tememos que la gente se asuste y salga despavorida de la iglesia, que vamos a crear traumas y aterrorizar con ideas medievales, cuando lo que la gente quiere saber es la verdad, toda la verdad, lo auténtico, con los riesgos y con las ayudas que Dios nos da; y cuando sabemos que Dios está de nuestro lado, dispuestos a perdonarnos, se pierde el miedo a todo.
Como ya hemos dicho antes la mayoría de la gente está llena de prejuicios contra la Iglesia, y así aunque toda persona tiene en su interior un ansia de encontrar y sentirse querida por Dios, los complejos le impide ese encuentro a través de la única forma de encontrar a Dios. Por lo tanto la semilla de la Palabra no podrá enraizar en sus corazones. Pero hay otra forma de predicar además de la palabra que Jesús nos enseña, y es con las obras. Lo que hacemos tiene el poder de testificar en lo que creemos, "y yo te mostraré mi fe por mis obras" (Stg. 2, 18). La predicación de palabra también tiene que ir acompañada de la predicación de nuestras vidas, de nuestras obras, para que sea testimonio de que lo que anunciamos es verdad; si no nos convertimos en ocurrentes pero simples charlatanes. El mismo Jesús nos enseña que el amor todo lo puede y así nos pide: "un mandamiento os doy: Que os améis los unos a los otros; como yo os he amado...En esto conocerán todos que sois discípulos míos, si tenéis amor los unos con los otros" (Jn 13, 34-35) Los paganos e incrédulos no podrán evitar creer en Cristo cuando vean como amamos, pero no con el amor humano que también los no creyentes pueden dar, si no, he aquí lo importante, con el amor con el que Jesús nos ama, ese amor sobrehumano que lleva a amar sin medida, a amar a los enemigos, a amar hasta dar la vida; ese amor que no puede venir si no de Dios, y por lo tanto en nosotros verán la evidencia de la existencia de Dios.
Otra fuente de presencia de Dios para la humanidad nos la enseña Jesús también en la noche previa a su muerte, y así le pide a Dios Padre: "para que todos sean uno; como Tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" (Jn 17, 21) He aquí lo que para mí es el gran drama de la Iglesia, que impide la conversión del mundo, y es nuestra gran desunión, no ya entre las diferentes confesiones cristianas, que cada una interpreta a su buena manera las Escrituras, si no peor todavía, dentro de la propia Iglesia católica, donde las diferentes tendencias y opiniones, las desobediencias y egoismos rasgan el cuerpo místico de Cristo. ¿Cómo van a creer los agnósticos y ateos, si tan siquiera nosotros sabemos, ni nos ponemos de acuerdo en lo que creemos?
Parece que he pintado con estas palabras un mundo y un futuro sombrío y gris, pero en mi corazón siento todo lo contrario, siento que se abre un tiempo nuevo para sembrar la palabra de Dios en el mundo. Estamos igual que en la época de los primeros cristianos, donde el mundo entero estaba abierto para ser conquistado para Dios. San Pablo, el apóstol de las gentes, nos lo dice "he aquí ahora el tiempo favorable, he aquí ahora el día de la salvación" (2 Cor 6, 2) Seguro que también habrá dificultades y persecuciones. Pero ya sabemos que apoyándonos unos a otros y todos unidos a Jesús las superaremos.
Es el tiempo de los laicos en la Iglesia. Debemos prepararnos y ponernos en manos del Espíritu Santo, para no ser guías ciegos llevando a otros ciegos al agujero. Porque no hay nadie mejor que tú para mostrar a Dios a ese compañero, o a ese vecino, o a un amigo que no cree; a ti que te conoce te creerá antes que a un misionero que venga de África o de la Conchinchina.
Piensa que Jesús está siempre con nosotros, y que por nosotros hizo la promesa, y Él nunca fallará a esta palabra: "Por tanto, id y haced discípulos por todas las naciones,...enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén" (Mt 28, 19-20)
sábado, 22 de septiembre de 2012
Si amo a Jesús y soy buena persona ¿Por qué debo ir a misa?
Más temprano que tarde, todos hemos ido a misa, y la hemos encontrado bastante fome. Recuerdo que ya a mediados de los ‘80, el humorista Coco Legrand daba voz a toda una generación de chilenos, cuando decía:
¡Quiero que sepan que soy católico apostólico y romano! pero “a mi manera", es decir, cuando puedo no más voy a misa, porque es una lata, todos los domingos, ahí…
Todos hemos tenido la misma experiencia: tal vez acompañábamos a nuestros padres, o pasamos una etapa de más cercanía con la religión, pero en cuanto tuvimos algo más de libertad, dejamos de participar regularmente en la misa dominical. De adultos, un par de veces al año, quizá en semana santa o navidad, algún bautizo, matrimonio o funeral, y pare de contar. ¿Para qué más? ¿Y hacer lo mismo cada domingo? ¡Que lata!
Además la misa “no tiene por dónde” competir con otras actividades, sobre todo hoy en día, que nuestro tiempo libre y para la familia es escaso, y las opciones de diversión para un domingo son variadas y atractivas, como el televisor, el asado, los juegos de computador o Internet, y un largo etc. De partida, su estructura es siempre igual: entre 45 minutos y una hora, pero de ese tiempo sólo los primeros 20 ó 30 minutos son más o menos interesantes –con los cantos, las diferentes lecturas y la prédica, donde a veces enseñan cosas nuevas de Jesús–, pero la segunda parte ¡es siempre lo mismo! El curita dice las mismas oraciones sobre el pan y el vino, luego el padrenuestro, la paz y la comunión, la bendición final y nos vamos para la casa. Parece que si fuiste a una misa, has ido a todas ¿no?
Y la repetición hace que sea aburrido, y por eso uno va sin ganas a misa. Y Jesús me ama ¿no es cierto? Seguramente no quiere verme molesto y desganado en la iglesia, mucho menos quiere que sea hipócrita, haciendo como que rezo cuando en realidad estoy pensando en lo que haré después. Además, Dios está en todas partes y escucha nuestras oraciones ¿no? Para hablar con Él no necesito estar en un lugar determinado
Así que es más o menos seguro que no necesito ir a misa.
Por otro lado, hay mucha gente que hace un gran bien, sin necesidad de haber ido nunca a misa ¿no es cierto? Seguramente nadie piensa que Gandhi o Mandela no tuvieron una vida admirable, por no haber estado cada domingo en la iglesia. Y tampoco podemos dejar de mencionar el caso opuesto: hay muchos que se los veía comulgar regularmente, pero luego se ha sabido lo malos que eran. Por lo tanto, parece que es más importante ser una buena persona, amable y tolerante, que ir a misa “por cumplir". De hecho, el mismo Jesús criticaba a los fariseos, que ponían el cumplir las normas del culto por sobre el amor y ayudar a los pobres.
Incluso los evangélicos atraen más gente, porque sus servicios de culto están llenos de música, luces, canciones y apasionados oradores ¡mucho más dinámico e interesante! Si los curas quisieran atraer más gente, debería al menos “ponerse al día” ¿verdad?
Sin embargo, y a pesar de todas estas razones de sentido común, la Iglesia siempre ha entendido que asistir a la misa es un deber fundamental del católico, en cumplimiento del tercer mandamiento de la ley de Dios, y que no hacerlo, con conocimiento y voluntad, implica un pecado mortal, es decir, de los que pueden llevar un alma al infierno.
¿Cómo entender actitudes tan opuestas entre el pueblo creyente y la Iglesia, acerca de una cuestión tan básica?
Para resolver este enigma, debemos prestar atención a uno de los diálogos que ocurre justo en medio de la misa, ese que dice más o menos así:
Sacerdote: Levantemos el corazónLéanlo con atención, escúchenlo en su cabeza, recuérdenlo de la última misa a la que fueron ¿pueden hacerlo?
Pueblo: Lo tenemos levantado hacia el Señor
S: Demos gracias al Señor Nuestro Dios
P: Es justo y necesario
S: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno…
Primero el sacerdote nos invita a levantar el corazón. Es una expresión poco común, que debería recordarnos a los primeros cristianos, perseguidos y martirizados por el Imperio Romano, ocultos en catacumbas oscuras y húmedas, que se reunían para escuchar las historias de los apóstoles acerca de Jesús, y que luego se decían unos a otros “¡Ánimo! Arriba los corazones", porque a pesar de la persecución, tenemos razones para estar felices. Nuestra respuesta es “Lo tenemos levantado hacia el Señor", porque sólo en Él encontramos la fuerza para tener ánimo, cuando parece que todo el mundo está en contra.
Luego el sacerdote nos invita a dar gracias, nosotros respondemos “es justo y necesario” y él nos replica con un breve discurso, que no cambia en cada misa, y que en parte nos recuerda por qué debemos estar agradecidos, y en parte manifiesta a Dios nuestra gratitud. Habitualmente empieza con “en verdad", que es llamativa, porque el mismo Jesús la usaba cuando iba a decir algo importante, y después sigue con “es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias…", como si el sacerdote nos dijera “No saben cuánta razón tienen al decir esto. Es justo porque es nuestro deber agradecer a Quien nos ha dado todo, y es necesario, porque de ello depende nuestra salvación".
Y esta es la razón más básica por la que es justo y necesario ir a misa: para agradecer.
No estamos ahí porque sea entretenido, o por que al hacerlo seamos mejores que los demás, para pasar un buen rato, obtener algo, o pedir lo que nos falta, sino simplemente porque es de justicia básica reconocer todo lo bueno que hemos recibido gratuitamente y agradecer a quien nos ha dado tantos dones.
Puede parecer que la gente ya no se preocupa de esto, que la cultura nos convierte a todos en consumidores, interesados sólo en nuestros derechos y en lo que podemos obtener de los demás. Sin embargo, todo el día en la radio y la TV se habla de “atraer buenas vibras", estar en armonía con el universo y lanzar energías positivas. Creo que todo eso apunta a una inquietud universal y muy humana, de reconocer que no me basto a mí mismo, dependo de otro, para bien o para mal, porque me pasan cosas buenas, y para las malas. Es algo que todos sentimos y no se trata sólo hacerlo por conveniencia o costumbre, sino que es inherente al ser humano. La gratitud, el ser agradecido, es la base de la paz en la sociedad que tanto anhelamos hoy en día, así como del sentimiento religioso, que se manifiesta en todas las culturas humanas. Es la misma tendencia que se expresa, desde el indio americano que antes de matar a su presa pronuncia una breve plegaria de perdón, hasta el cardenal que celebra el te deum ecuménico cada 18 de septiembre en presencia de los líderes de una nación.
También se dice que debemos agradecer “siempre y en todo lugar", y si bien podemos estar de acuerdo, pero en el fondo sabemos que no es realista. La mayor parte del tiempo la pasamos ocupados de nuestras labores, yendo de un lado a otro, durmiendo, comiendo, viendo TV y haciendo tantas cosas que no son compatibles con pensar a cada minuto “Gracias, Señor, por la luz verde que acabo de pasar, porque tengo buena salud, por mi familia", etc. Constatar esto puede llevar a algunos a obsesionarse con no haber agradecido lo suficiente, pero en la mayoría la reacción será en el sentido opuesto: a pensar que en realidad esto de la gratitud no importa realmente, porque es imposible. En el justo medio de estos dos extremos, los católicos tenemos el regalo de saber que la misa del domingo es suficiente para agradecer a Dios adecuadamente.
Esta sola razón, dar gracias, debería bastarnos para ir a misa, y si lo hiciéramos estoy seguro que todos tendríamos una vida más feliz y pacífica, sabiendo que hemos cumplido con nuestra obligación más fundamental.
Pero hay más ¡Vaya que hay mucho más! Ya cada uno irá descubriendo de a poco todas las riquezas de la eucaristía, y muchos libros se han escrito al respecto, pero no puedo dejar de mencionar algunas, como la presencia única de NSJC –de la que hablamos un poco más adelante–, la predicación de la palabra, la multitud de significados de la liturgia, la oportunidad de sentir el silencio y la tranquilidad, la experiencia de conectarnos con la tradición y la historia, la ocasión de pedir a Dios lo que necesitamos, ¡la posibilidad de cantar sin que nadie te critique!
Entonces ¿es aburrida la misa?
Ya hemos visto que no importa tanto si es aburrida o no, porque no hemos ido a pasar un rato agradable, sino a manifestar nuestra gratitud, como es justo y necesario. Pero eso no quiere decir que lo hagamos de mala gana, como un mal estudiante que va a su clase por cumplir. Para mostrar que la misa no es aburrida de ninguna forma, yo la compararía con el fútbol. El que no entiende y no conoce las reglas del fútbol, no conoce las posiciones de los jugadores, o no ha vivido la experiencia de ver pasar el tiempo lento o rápido según tu equipo vaya ganando o perdiendo, puede ir a la final de la Copa Mundial, y decir “es igual que todos los partidos, unos tipos corriendo detrás de la pelota". En cambio, si entendemos lo que está pasando, seguro que disfrutaríamos cada instante.
Con la misa ocurre lo mismo: es imposible distraerse, cuando uno sabe que las lecturas han sido especialmente seleccionadas para explicarlas unas a otras, o que en unos momentos más se hará presente Jesús, el mismo que creó el universo sólo con su palabra y que fue crucificado, en Jerusalén en el año 33 de nuestra era, en su cuerpo y su sangre, o que cada vez que comulgamos nos encontramos con NSJC de una forma tan íntima que no puede existir en ningún otro lugar. Incluso, cuando la habitualidad produce acostumbramiento, o la prédica no es muy interesante, pienso “¿Hay otro lugar donde pudiera estar haciendo algo más importante?” y la respuesta siempre es “no, en cualquier otra parte estaría perdiendo el tiempo".
Es cierto que podemos hablar con Dios en cualquier momento, y deberíamos hacerlo con frecuencia, pero nuestro Dios no es sólo una filosofía que nos parezca satisfactoria, o una idea vaga de bondad y respeto a los demás. Él tiene rostro y tiene voz, es una persona, y nos ha pedido que de dediquemos un día a la semana, y que lo hagamos en conjunto con la comunidad de creyentes. La ventaja que tenemos los católicos estriba en saber que, de las 168 horas que tiene una semana, basta con reservar una para Dios, y si Él nos regala tanto tiempo, para dormir, trabajar y emplearlo en nosotros mismos, no parece que dedicarle exclusivamente menos del 0,2% de nuestro tiempo sea una carga excesiva ¿no?
También es verdad que ir a misa no nos hace automáticamente mejores personas, pero eso está bien, porque no es magia, sino un diálogo, una relación con esa persona divina que mencionábamos, y como tal, sólo produce sus efectos en tanto estemos abiertos a ella. Así, podemos ir comulgar durante toda una vida y aun así acabar mal, pero será porque nos hemos negado a acoger todas las cosas buenas que se nos ofrecieron en la misa. Por el contrario, si sabemos lo que Dios nos pide y no lo hacemos, por orgullo o flojera, no hay dudas que esa actitud nos contará en contra, sin importar otras cosas buenas que podamos haber hecho.
Si a pesar de todo esto, el prospecto de ir a misa cada domingo parece algo monótono, la Iglesia permite la más amplia libertad cuando se trata de elegir el estilo de misa que prefieras. En efecto, tenemos misas más o menos tradicionales, algunas en latín o en todos los idiomas del mundo, diferentes estilos de sermones, misas para niños, carismáticas, de sanación, etc., todas ellas igualmente válidas.
Así que ¿Por qué no vamos juntos a misa este domingo?
De Pato Acevedo en el blog "La esfera y la cruz"
sábado, 1 de septiembre de 2012
Tras un año de la JMJ de Madrid. Algunos recuerdos y reflexiones
"Depués de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: la salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero." Apoc. 7: 9-10.
Esta vision apocalíptica del apóstol San Juan es la que me vino a la cabeza aquella tarde de sábado de hace un año, cuando mi padre me acercaba en coche al aeródromo de Cuatro Vientos y nos topamos con una autentica marea humana que ocupaba toda la calle y no cesaba de fluir. Eran inconfundibles: banderas multicolores, mochilas, cantos, sonrisas, cansancio... eran los peregrinos de las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Había hecho coincidir ese año mis vacaciones con los días de la JMJ. Era una oportunidad que no podía perderme, parece que el Señor las había preparado para mí. Mi ciudad natal, con mi familia para poder pasar unos días juntos, en verano para que pudiese coincidir con las vacaciones. Tenía que responder a esa llamada, así que organice todo para encontrarme esa semana en Madrid.
Desde mi llegada a España había seguido todo lo que rodeaba los días previos a la inauguracion de las jornadas y a la llegada de Benedicto XVI. La celebración del Via Crucis fue mi primera toma de contacto con la JMJ en la calle, pero apenas pude tener una idea: las calles inundadas de gente y sólo se podían seguir los actos a través de las pantallas colocadas en las plazas. Es lo malo que tienen estas grandes aglomeraciones que apenas puedes seguir los actos por pantallas y si estas bien colocado. Me llamó la atención que había gente muy joven, todos alegres, sonrientes, algunos cantando, otros fotografiándose con otros de diferentes nacionalidades o con los policías a caballo. Era increíble ver la cantidad de banderas representantes de los distintos países, alguna no sabía ni a que país correspondía. Me conmovía el pensar el esfuerzo y la fe de algunas personas para costearse el viaje desde lugares tan remotos, y muchos sin conocer la lengua del pais que les recibe, por ejemplo conocí en el metro una mujer que había venido con su hija desde Australia.
Pero para mí el día clave era el sábado, cuando se celebraba la vigilia con el Papa en el aeródromo de Cuatro Vientos, ya había quedado con mi compañera Aridane para vernos allí. Sabía que sería un momento único en mi vida, así que sabiendo que habría mucha gente me dispuse a salir a pie después de comer, me separaba de mi destino poco más de una hora, pero como en Madrid en agosto el calor al mediodía es insoportable, mi padre decidió acercarme en coche.
Pero para mí el día clave era el sábado, cuando se celebraba la vigilia con el Papa en el aeródromo de Cuatro Vientos, ya había quedado con mi compañera Aridane para vernos allí. Sabía que sería un momento único en mi vida, así que sabiendo que habría mucha gente me dispuse a salir a pie después de comer, me separaba de mi destino poco más de una hora, pero como en Madrid en agosto el calor al mediodía es insoportable, mi padre decidió acercarme en coche.
Después de incorporarme a ese río de gente que avanzaba sin cesar hasta Cuatro Vientos me fijé en que la gente ya estaba bastante cansada de esos días de poco dormir, de jornadas interminables de andar y estar de pie en los diferentes actos, del calor,...Mientras toda esa inmensidad se movía lentamente, desde los balcones de las casas algún vecino se apiadaba de nosotros y nos tiraba cubos de agua o nos regaba con regaderas, lo que era acogido por la gente con gran algarabía. También pude ver alguna persona era atendida por los servicios de emergencia por golpes de calor, gracias a Dios no muchas.
Al final no pude encontrarme con Ari, necesitaba mi acreditación de peregrino para entrar y como yo no lo era me mandaron a otra zona, además había inhibidores de señal para móviles por lo que me fue imposible contactar con nadie. Por lo que solo me intente ubicar lo mejor posible. Por supuesto estaba lejísimos del escenario, por lo que me busque un buen sitio delante de una pantalla. El tiempo pasaba distraídamente viendo las actuaciones musicales, los diferentes grupos de peregrinos, neocatumenos que cantaban, o familias que rezaban la liturgia de las horas. A lo lejos se veía alguna nube negra, que en verano significa tormenta, pero que esperaba que se desviase y no pasase sobre nuestras cabezas.
Tras una larga espera el momento álgido fue la llegada del Papa Benedicto XVI, que no pudo pasar por las calles ya que se encontraba ocupadas por peregrinos, por lo que por seguridad se dirigió directamente al escenario. El resto más o menos lo conocéis todos, pero hubo 2 momentos memorables que tengo que comentar: uno fue por supuesto fue la llegada de la tormenta después de leer el evangelio. El desánimo cundió entre todos los asistentes, había mucho viento y lluvia y todos eramos conscientes de que el Papa es una persona mayor y que debe cuidarse, por lo que imaginábamos que se lo llevarían y el acto podría ser cancelado. Pero el Papa no se movió, a pesar del intento de protegerle con dos paraguas el viento le debía estar empapando. Fueron minutos que parecían eternos, la lluvia y el viento no amainaban y todos nos temíamos lo peor, yo sabía que el sucesor de Pedro le pedía a Jesús que parase la tormenta, igual que sus discípulos hace 2.000 años en el lago de Tiberiades, en un inquietante silencio creo que más o menos todos nos sumamos a esa petición, y al final la tormenta paso. Pero el Papa salió del escenario y aparecieron bomberos para comprobar los daños de la tormenta en la estructura del escenario, por lo que el temor a la cancelación no desapareció. La tensión por las incomodidades (nadie estaba preparado para la lluvia) y la expectación por lo que podría pasar estallo en aplausos y cánticos cuando volvió a aparecer Benedicto en el escenario, y toda esa alegría de repente se transformo en un profundo y solemne silencio cuando se informo que se procedería a la adoración del Santísimo. El Papa se coloco en un reclinatorio y todo el público cayo de rodillas al ver aparecer el sagrario con la santa forma. En aquel lugar había más de un millón de personas pero se vivía el más absoluto recogimiento, todos en nuestro interior rezamos y adoramos a Jesús allí presente, fueron unos minutos impresionantes que valían sobradamente por todas las adversidades e incomodidades pasadas. Allí en ese momento se podía visualizar la Iglesia de Cristo, con Pedro y todo el pueblo de Dios detrás con él.
Al final no pude encontrarme con Ari, necesitaba mi acreditación de peregrino para entrar y como yo no lo era me mandaron a otra zona, además había inhibidores de señal para móviles por lo que me fue imposible contactar con nadie. Por lo que solo me intente ubicar lo mejor posible. Por supuesto estaba lejísimos del escenario, por lo que me busque un buen sitio delante de una pantalla. El tiempo pasaba distraídamente viendo las actuaciones musicales, los diferentes grupos de peregrinos, neocatumenos que cantaban, o familias que rezaban la liturgia de las horas. A lo lejos se veía alguna nube negra, que en verano significa tormenta, pero que esperaba que se desviase y no pasase sobre nuestras cabezas.
Tras una larga espera el momento álgido fue la llegada del Papa Benedicto XVI, que no pudo pasar por las calles ya que se encontraba ocupadas por peregrinos, por lo que por seguridad se dirigió directamente al escenario. El resto más o menos lo conocéis todos, pero hubo 2 momentos memorables que tengo que comentar: uno fue por supuesto fue la llegada de la tormenta después de leer el evangelio. El desánimo cundió entre todos los asistentes, había mucho viento y lluvia y todos eramos conscientes de que el Papa es una persona mayor y que debe cuidarse, por lo que imaginábamos que se lo llevarían y el acto podría ser cancelado. Pero el Papa no se movió, a pesar del intento de protegerle con dos paraguas el viento le debía estar empapando. Fueron minutos que parecían eternos, la lluvia y el viento no amainaban y todos nos temíamos lo peor, yo sabía que el sucesor de Pedro le pedía a Jesús que parase la tormenta, igual que sus discípulos hace 2.000 años en el lago de Tiberiades, en un inquietante silencio creo que más o menos todos nos sumamos a esa petición, y al final la tormenta paso. Pero el Papa salió del escenario y aparecieron bomberos para comprobar los daños de la tormenta en la estructura del escenario, por lo que el temor a la cancelación no desapareció. La tensión por las incomodidades (nadie estaba preparado para la lluvia) y la expectación por lo que podría pasar estallo en aplausos y cánticos cuando volvió a aparecer Benedicto en el escenario, y toda esa alegría de repente se transformo en un profundo y solemne silencio cuando se informo que se procedería a la adoración del Santísimo. El Papa se coloco en un reclinatorio y todo el público cayo de rodillas al ver aparecer el sagrario con la santa forma. En aquel lugar había más de un millón de personas pero se vivía el más absoluto recogimiento, todos en nuestro interior rezamos y adoramos a Jesús allí presente, fueron unos minutos impresionantes que valían sobradamente por todas las adversidades e incomodidades pasadas. Allí en ese momento se podía visualizar la Iglesia de Cristo, con Pedro y todo el pueblo de Dios detrás con él.
Después de aquello el resto daba igual, al final me despedí de mis compañeros de parcela, e hice el largo camino de vuelta reconfortado y con el alma llena de gozo por aquellos momentos inolvidables.
¿Que reflexiones os podría contar sobre lo vivido esa semana?
Que la juventud católica existe, y aunque según los datos cada vez son menos, son cada vez más entusiastas y no se esconden ni se avergüenzan de su fe. Son jóvenes totalmente normales, con las mismas ganas de pasárselo bien, de divertirse, de estar con sus amigos, que el resto. Pero con esa convicción interior, con esa fuerza superior a todo, que les hace formar parte activa de la Iglesia y que les lleva a desplazarse a miles de kilómetros de distancia de sus hogares para escuchar que tiene que decirles un anciano de más de 80 años.
Que la juventud lo que quiere son cosas auténticas, aunque no sean fáciles de llevar, aunque no sean bonitas, pero queremos la Verdad que no cambia con las modas ni con el paso del tiempo, que nos transmite nuestra Iglesia. Muchas veces por intentar atraer a más jóvenes y gente a la iglesia se edulcora o se omite parte de la doctrina de la Iglesia, por lo que el mensaje de Jesús pierde su fuerza arrolladora y su sentido completo. Equiparándose a cualquier otra actividad mundana y perdiendo el sentido trascendente que realmente lo hace atrayente.
La incertidumbre del futuro. Después de esta gran experiencia de unos pocos días, rodeado de gente que comparte tus mis mismas creencias, en las que te ves motivado, apoyado y reconfortado, llega la realidad del día a día, la convivencia con compañeros de escuela, universidad o trabajo, que no solo no comparte tus creencias si no que se oponen a ellas, la vida en una sociedad que cada vez ve más alejada de lo socialmente aceptable tus ideas y tus valores morales, por lo que tiende primero a ignorarlas y después a despreciarlas. Por lo que tendrán que renunciar a ellas o bien mantenerlas en secreto para sentirse aceptados en sus sociedades. Los que sean más débiles quizás no quieran oponerse y se dejen llevar por la corriente, apartándose de la Iglesia y perdiendo su fe. Por eso son importantes estas jornadas para apoyarnos unos a otros, para saber que no estamos solos y saber que no son tiempos fáciles, pero que nunca lo fueron, y que igual que persiguieron al Maestro así también harán con los discípulos.
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domingo, 15 de julio de 2012
Conferencia sobre sexualidad en los jóvenes
Una interesante charla donde se muestra una forma de afrontar la sexualidad, desde un punto de vista muy diferente de la que el mundo nos ofrece actualmente. Todos tenemos una idea más o menos clara de lo importante que es el sexo para las personas, sobre todo en la adolescencia donde se descubre la atracción por el sexo. Quizás nunca nos hemos imaginado lo importante que es para el desarrollo de nuestras vidas el enfocar de una forma correcta las relaciones afectivas, el saber diferenciar el amor (algo maravilloso que todos deseamos) de la lujuria (un pecado, que como todos nos detruye por dentro)
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